La regla que vale para todos
Los seres vivos no viajan con la carga. Ninguna empresa seria acepta animales en el camión, y con razón: no hay climatización controlada, hay horas de trayecto y hay manipulación. Van contigo, en tu coche, o con un transporte animal especializado si la distancia lo pide.
De ahí sale la segunda regla, que es la que de verdad evita los disgustos: el día de la mudanza, el animal no debería estar en la casa. Entre la puerta abierta, el ruido y los desconocidos, es el peor día posible para un animal y el más fácil para que se escape.
Gatos
Son los que peor lo llevan, porque su vínculo es con el territorio, no con la casa. Lo que funciona:
- Saca el transportín una semana antes y déjalo abierto en el salón con una manta dentro. Si el transportín solo aparece para ir al veterinario, el día de la mudanza vas a perder media hora y un par de arañazos.
- El día de la carga, fuera de casa: con alguien, en una residencia o en el veterinario. Si no puede ser, una habitación vacía cerrada con arenero, agua y un cartel bien visible en la puerta.
- En la casa nueva, empieza por una sola habitación. Su arenero, su comida, su manta y sus cosas con olor conocido. Que salga cuando quiera, no cuando quieras tú. Puede tardar días.
- No lo dejes salir a la calle en dos o tres semanas si tiene acceso exterior: hasta que no reconozca el territorio nuevo, intentará volver al viejo.
Perros
- Paseo largo por la mañana. Un perro cansado lleva mucho mejor un día raro.
- Que no esté en casa durante la carga, por él y por el equipo: un perro nervioso entre gente que entra y sale con muebles es un riesgo para los dos.
- Su cama y sus juguetes, los últimos en salir y los primeros en entrar. Que en la casa nueva encuentre su sitio montado desde el minuto uno.
- Reconoce la zona nueva con él los primeros días: paseos por el barrio y localiza dónde está el veterinario más cercano antes de necesitarlo.
Acuarios y jaulas
Un acuario es, con diferencia, lo más difícil de una mudanza doméstica, y conviene saberlo con tiempo: no se puede mover con agua ni con grava dentro. El peso rompe las juntas de silicona, y una vez rota no se ve hasta que la llenas otra vez en la casa nueva.
- Los peces viajan en bolsas o recipientes con agua del propio acuario, contigo.
- Guarda parte del agua y, sobre todo, el material filtrante húmedo: ahí está la colonia bacteriana, que es lo que de verdad cuesta recuperar.
- El acuario viaja vacío, seco y acolchado. Si es grande, dilo al pedir presupuesto.
- Con jaulas y terrarios, lo mismo: el animal fuera y contigo, la instalación vacía en el camión.
Plantas
- Riega dos días antes, no el mismo día. Tierra húmeda pesa y se sale; tierra seca se agrieta.
- Cajas abiertas por arriba, apretadas entre sí para que no se vuelquen, y papel alrededor del cepellón.
- En tu coche, no en el camión. Ni horas a oscuras ni un maletero al sol en julio.
- En larga distancia, replantéatelo. Muchas empresas no aceptan plantas, y en una mudanza que cruza el mar o una frontera puede haber restricciones fitosanitarias. A veces lo sensato es regalar las grandes y llevarse un esqueje.
Papeles al cambiar de comunidad o de país
- Actualiza el microchip. El registro de identificación animal guarda tu dirección y tu teléfono; si tu perro se pierde y el chip apunta a la casa antigua, no sirve de nada. Se hace en el registro de tu comunidad, normalmente a través del veterinario.
- Censo municipal. Muchos ayuntamientos tienen censo de animales de compañía y hay que darse de alta en el nuevo (y de baja en el anterior).
- Cambio de comunidad autónoma: las normas de tenencia y las razas con requisitos especiales las regula cada comunidad, así que conviene mirarlo antes de mudarse.
- Cambio de país: pasaporte europeo para animales de compañía, microchip, vacuna antirrábica en vigor y, según el destino, más requisitos y plazos. Empieza el trámite con meses, no con semanas: la antirrábica tiene periodo de espera.